Forrest Gump (y yo sé porqué lo digo)
Como la crisis ha desplazado a lo del calentamiento global hoy va y amanece nevando, asique me lo voy a tomar con calma antes de coger el coche y me voy a sentar aquí un ratito y escribir hasta que la carretera se despeje un poco ( hay que ver lo útil que me está resultanto a mi este blog). Y vuelvo a escribir sobre uno de mis temas recurrentes: la gilipollez. Y es que, aunque me ponga pesada, me sorprende muchísimo que ya casi hecha la primera decena del siglo 21 siga siendo tan fácil encontrarse un gilipollas. Mira que está todo organizado para hacer que el individuo crezca, oye, que ya siendo bebés veo que anuncian por la tele unos juguetes capaces de desarrollarles el cereblo hasta límites insospechados, con ruiditos, lucecitas colorines y formas tales que sería descabellado pensar que un niño que ahora juega con eso no llegaría a premio nobel en un par de decadas. Pues nada que ver. Caer en el gran pozo de la gilipollez parece cada vez más fácil y más inevitable. Y como yo no suelo escribir a tontas y a locas (bueno, a locas sí) el gilipollas en el que hoy estoy pensando tiene una prueba importante para su futuro. Lo malo es que tanto si la pasa como si no la pasa ,la cagará, seguro. Me juego mi ovario izquierdo a que haga lo que haga convertirá su vida en una puta basura. Es lo que tiene la gilipollez en estado avanzado.
Y sin embargo yo agradezco tanto su existencia! Me sirve de referencia, me recuerda por qué tanto y tanto les he dicho a mis hijos que estudien, que viajen, que hablen otros idiomas, que conozcan gente, que vean cine, que oigan música, que sueñen con Salma Hayek bailando con la serpiente…herramientas más efectivas que el puto juguetito de playmovil para alejarse de la gilipollez, creo.